Inteligencia artificial y compliance: la tecnología asiste pero la responsabilidad sigue siendo humana
Por Dayana García Barreiro
Escribana – Experta en Compliance y Tecnología
La inteligencia artificial está transformando la forma en que las empresas buscan, procesan y gestionan información. En materia de compliance y prevención del lavado de activos y el financiamiento del terrorismo, estas herramientas pueden mejorar la eficiencia de los controles, facilitar la detección de alertas y permitir el análisis de grandes volúmenes de datos.
Sin embargo, incorporar inteligencia artificial no significa delegar en la tecnología la evaluación del riesgo ni la decisión final. La IA puede aportar información, organizarla y detectar posibles inconsistencias, pero corresponde a la empresa, al sujeto obligado y al oficial de cumplimiento analizar esa información, clasificarla, calificar el riesgo y asumir la responsabilidad por las decisiones adoptadas.
Una herramienta para mejorar el análisis
Las tareas de cumplimiento requieren consultar diversas fuentes: documentos de identificación, registros públicos, estructuras societarias, listas de sanciones, información sobre personas políticamente expuestas, noticias adversas y documentación relacionada con el origen de los fondos.
La inteligencia artificial puede contribuir a:
- procesar grandes cantidades de información;
- cruzar datos provenientes de distintas fuentes;
- detectar patrones o inconsistencias;
- priorizar alertas;
- resumir resultados;
- y reducir tareas manuales y repetitivas.
El Grupo de Acción Financiera Internacional, GAFI, ha señalado que las nuevas tecnologías pueden mejorar la velocidad, la calidad y la eficiencia de las medidas de prevención del lavado de activos y permitir evaluaciones de riesgo más precisas y oportunas.
Esto permite que el oficial de cumplimiento dedique menos tiempo a la búsqueda manual de información y más tiempo a la tarea central de su función: comprender al cliente, analizar la operación y determinar si resulta razonable de acuerdo con su perfil económico y su nivel de riesgo.
Más información no significa necesariamente mejor información
Uno de los principales riesgos del uso de inteligencia artificial es confundir cantidad de información con calidad del análisis.
Una plataforma puede encontrar numerosos resultados vinculados con el nombre de una persona. No obstante, alguien debe determinar si esos datos corresponden realmente al cliente, si existe un homónimo, si la fuente es confiable, si la información está actualizada y si tiene relevancia para la operación analizada.
La IA puede localizar y ordenar la información, pero no siempre puede comprender adecuadamente el contexto.
Una noticia adversa, por ejemplo, no convierte automáticamente a una persona en cliente de alto riesgo. Deben analizarse la fuente, la fecha, la naturaleza del hecho, la situación judicial y su posible vinculación con delitos relacionados con el lavado de activos.
Del mismo modo, la ausencia de resultados negativos tampoco permite concluir automáticamente que una operación presenta un riesgo bajo.
Los riesgos de automatizar la decisión
Los sistemas de inteligencia artificial pueden cometer errores, confundir identidades, utilizar información incompleta o generar conclusiones aparentemente seguras que no cuentan con respaldo suficiente.
También pueden producir falsos positivos, señalando alertas que no corresponden al cliente, o falsos negativos, omitiendo información relevante.
A esto se suma el denominado sesgo de automatización: la tendencia a confiar excesivamente en un resultado por el solo hecho de haber sido producido por una herramienta tecnológica.
Por ese motivo, un sistema de compliance no debería limitarse a generar un informe y archivarlo. Debe existir una revisión humana real, crítica y documentada.
El marco de gestión de riesgos de inteligencia artificial del NIST destaca que una IA confiable debe ser segura, transparente, explicable, respetuosa de la privacidad y sometida a mecanismos de rendición de cuentas.
El enfoque de Uruguay
La Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial del Uruguay 2024–2030, elaborada por Agesic, promueve un uso de la inteligencia artificial ético, responsable, seguro y centrado en las personas.
La estrategia se organiza en tres grandes ejes: gobernanza, desarrollo de capacidades y desarrollo sostenible. Dentro del eje de gobernanza, plantea la necesidad de contar con marcos adecuados que promuevan la transparencia, la seguridad y la responsabilidad.
Aunque no se trata de una regulación específica sobre inteligencia artificial y prevención del lavado de activos, constituye una referencia importante para las empresas que incorporan estas tecnologías.
En la práctica, las organizaciones deberían establecer políticas internas que definan:
- qué herramientas pueden utilizarse;
- con qué finalidad;
- qué información puede cargarse;
- cómo se protegen los datos personales y confidenciales;
- quién revisa los resultados;
- y qué decisiones no pueden quedar totalmente automatizadas.

