Cumplimiento ambiental empresarial: de la obligación legal a la gestión estratégica del riesgo

Dra. Anabela Aldaz

Consultora experta en sostenibilidad y derecho ambiental

aaldaz@bym360.com

Durante mucho tiempo, el cumplimiento ambiental fue abordado por muchas empresas como una cuestión esencialmente administrativa: obtener una autorización, presentar una declaración jurada, contratar un gestor de residuos o responder a una inspección. Ese enfoque resulta hoy insuficiente.

La normativa ambiental uruguaya ha evolucionado hacia un sistema más integral, que asigna responsabilidades durante todo el ciclo de vida de las actividades, los productos y los residuos. Al mismo tiempo, clientes, entidades financieras, aseguradoras, organismos públicos y cadenas internacionales de valor demandan información verificable sobre el desempeño ambiental de las organizaciones.

Por eso, el cumplimiento ambiental ya no puede depender exclusivamente de una persona o área técnica. Debe formar parte de la gobernanza, la gestión de riesgos y las decisiones estratégicas de la empresa.

Un marco regulatorio más exigente e integral

En 2025 Uruguay aprobó seis decretos vinculados con la calidad del agua, los residuos de construcción, las baterías, la donación de alimentos, el drenaje urbano y la protección de humedales. Más que disposiciones aisladas, estas normas muestran una tendencia clara: mayor prevención, trazabilidad, responsabilidad del generador y disponibilidad de información para el control.

Entre los principales cambios se encuentran:

  • La actualización del régimen de prevención y control de la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, mediante el Decreto N.º 226/025. La regulación amplía el enfoque tradicional centrado en los vertidos, incorpora nuevos contaminantes y contempla fuentes puntuales y difusas.
  • La regulación de los residuos provenientes de obras de construcción, reforma o demolición, a través del Decreto N.º 213/025. La norma establece obligaciones de clasificación, registro, trazabilidad y elaboración de planes de gestión, y responsabiliza al titular de la obra o del permiso de construcción.
  • La actualización del régimen aplicable a baterías usadas o desechadas, incluyendo las vinculadas con la movilidad eléctrica, mediante el Decreto N.º 227/025. Se procura asegurar su recolección, almacenamiento, tratamiento y valorización, así como recuperar materiales críticos.
  • La protección de 37 humedales de importancia ambiental, que comprenden aproximadamente 800.000 hectáreas, mediante el Decreto N.º 228/025. La norma prohíbe determinadas intervenciones capaces de alterar su régimen hidrológico o provocar la pérdida de vegetación natural.

Este conjunto normativo confirma que el cumplimiento debe analizarse de manera transversal. Una actividad puede estar simultáneamente alcanzada por disposiciones nacionales y departamentales relativas a autorizaciones, agua, emisiones, residuos, sustancias, ordenamiento territorial, biodiversidad y seguridad laboral. Ministerio de Ambiente

Cumplir no es solamente tener permisos vigentes

Una empresa puede disponer de las autorizaciones principales y, sin embargo, presentar riesgos relevantes si no controla adecuadamente las condiciones asociadas a esos permisos.

Un sistema eficaz de cumplimiento ambiental debe permitir responder, al menos, las siguientes preguntas:

  • ¿La empresa conoce todas las obligaciones aplicables a cada establecimiento, actividad y producto?
  • ¿Las autorizaciones, registros y declaraciones se encuentran vigentes?
  • ¿Existen responsables definidos y plazos internos de seguimiento?
  • ¿Se conserva evidencia suficiente para acreditar el cumplimiento?
  • ¿Los residuos son entregados a operadores debidamente habilitados y se mantiene su trazabilidad?
  • ¿Los contratos con proveedores distribuyen adecuadamente las responsabilidades ambientales?
  • ¿La empresa cuenta con procedimientos para actuar ante incidentes, denuncias o inspecciones?
  • ¿Los proyectos nuevos consideran los requisitos ambientales desde su diseño?

La existencia de formularios específicos para informes ambientales de operación, emisiones atmosféricas, transporte de residuos y declaraciones de fabricantes e importadores demuestra la creciente importancia de documentar y acreditar el desempeño, no solo de afirmar que se cumple. Formularios del Ministerio de Ambiente

El ejemplo de los envases

La gestión de envases permite observar con claridad cómo una obligación ambiental puede convertirse en un riesgo operativo y económico.

En 2026, el Ministerio de Ambiente anunció controles sobre propietarios de marca, importadores de productos envasados y determinadas empresas fabricantes o importadoras de envases de un solo uso. Posteriormente, el inicio de esos controles fue prorrogado hasta el 30 de setiembre de 2026, en el contexto de las negociaciones vinculadas con la adhesión al Plan Vale. Comunicado del Ministerio de Ambiente

Esta situación pone de manifiesto que las obligaciones ambientales pueden incidir directamente en los costos, los contratos, la importación, la comercialización y la continuidad del negocio. También evidencia la importancia de que las empresas participen de manera informada en los procesos de implementación normativa y articulen respuestas sectoriales cuando las obligaciones tengan efectos colectivos.

Del diagnóstico a un sistema de gestión

El primer paso para fortalecer el cumplimiento no consiste necesariamente en producir más documentos, sino en conocer la situación real de la organización.

Un diagnóstico ambiental empresarial debería comprender:

  1. La identificación de las actividades, productos, instalaciones y residuos alcanzados por regulación.
  2. La elaboración de una matriz normativa con obligaciones, responsables, evidencia y vencimientos.
  3. La revisión de permisos, registros, contratos y procedimientos internos.
  4. La evaluación de brechas y su priorización según impacto legal, ambiental, económico y reputacional.
  5. La definición de un plan de acción con responsables, recursos, plazos e indicadores.
  6. El establecimiento de un sistema periódico de monitoreo y reporte a la dirección.

La teoría del cambio es sencilla: si la empresa identifica tempranamente sus obligaciones, asigna responsabilidades, genera evidencia y monitorea su desempeño, disminuye la probabilidad de incumplimientos e incidentes. Como resultado, protege la continuidad operativa, reduce costos inesperados, mejora su relación con las autoridades y fortalece la confianza de clientes, financiadores y comunidades.

Cumplimiento, debida diligencia y derechos humanos

La gestión ambiental tampoco puede separarse de los derechos humanos. La degradación del agua, el aire, el suelo o los ecosistemas puede afectar la salud, el trabajo, el acceso a recursos naturales y las condiciones de vida de las personas y comunidades.

Por ello, una debida diligencia adecuada debe identificar no solo el riesgo que una infracción representa para la empresa, sino también los impactos que la actividad empresarial puede provocar sobre las personas y el ambiente. Esto exige mecanismos de prevención, participación, acceso a información y atención de reclamos, en línea con los principios que inspiran el Acuerdo de Escazú.

Las organizaciones que integran esta perspectiva están en mejores condiciones para anticipar conflictos, sostener su licencia social para operar y responder a las exigencias de cadenas de valor cada vez más orientadas a la trazabilidad y la sostenibilidad.

Una oportunidad para mejorar la competitividad

El cumplimiento ambiental no debería ser presentado únicamente como un costo. Bien gestionado, permite ordenar procesos, reducir pérdidas, aprovechar materiales, mejorar la eficiencia y acceder a oportunidades comerciales y financieras.

El desafío para las empresas uruguayas es pasar de un modelo reactivo —actuar cuando vence un permiso o llega una inspección— a uno preventivo, integrado y basado en evidencia.

En el marco de mi colaboración con BYM 360, acompaño a empresas y organizaciones en la identificación de obligaciones ambientales, evaluación de riesgos, elaboración de matrices de cumplimiento, revisión de procesos y diseño de hojas de ruta que permitan integrar la sostenibilidad en la gestión y en la toma de decisiones.

El objetivo no es limitarse a verificar si una empresa cumple hoy. Es ayudarla a desarrollar las capacidades necesarias para anticipar los cambios, prevenir impactos y sostener su competitividad en un contexto regulatorio y empresarial cada vez más exigente.

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